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Divinas madres en la Catedral

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La devoción mariana en el Perú ha tenido -y tiene- múltiples y variadas expresiones. Pero quizá ninguna tan esplendorosa como la del barroco peruano que floreció entre los siglos XVII y XVIII, y que dejó honda huella religiosa. Esta religiosidad, que perdura en la acendrada manifestación diaria de nuestro pueblo, se reflejaba en hermosas joyas de arte iconográfico que estaban como dormidas en rincones de conventos e iglesias. El Banco de Crédito se ha encargado pacientemente de restaurar y exhibir una parte importante de ese legado en la Basílica Catedral de Lima. 

 Acontecimiento singular sin dudas. Luego de la serie de cristos y santas rosa, el Banco de Crédito nos ofrece ahora un conjunto de expresiones de la devoción mariana en una variada exposición extraída de la misma Catedral y otras iglesias y conventos limeños.
El preciosísimo altar y la imagen de la Virgen de la Evangelización, que causara la admiración del mismo Santo Padre durante su visita al Perú, son la expresión más llamativa de la muestra. La primera en llamar nuestra atención y en dejarnos extasiados convocando simultáneamente a nuestro espíritu pagano ante tan rebuscado esteticismo, propio del estilo, y los terribles rezagos de nuestra fe católica que nos invita a la oración y al examen de conciencia.

El barroco es quizá la expresión más sublime de las manifestaciones cristianas. En el Perú -y en general en toda Hispanoamérica- ha dejado su huella a todo lo largo del territorio, tanto en la talla como en la pintura que han alcanzado grandes cimas, como en la muestra que este esfuerzo privado propone.

Recorrer la muestra en el ambiente propicio de la Catedral de Lima, que fuera centro importante de expresión del arte religioso en todo el continente, contribuye con el trasfondo de música sacra a darle a la muestra un aire de autenticidad que aguza los sentidos y conmueve.

Otra imagen que causa asombro, apenas uno ingresa a la Catedral, es la Virgen María de la Doble Trinidad, una de las más antiguas, proveniente de la Iglesia de la Soledad. El pedestal en que ha sido colocada y la buena disposición de las luces -característica de toda la muestra- la vuelve imponente. Ello permite apreciar el fino trabajo de tallado de los pliegues que impresionan además por el cuidadoso realismo, hecho para acentuar la sensación de movimiento que guía a uno de los rostros más bellos allí expresados.

Quien recorra la exposición también se deslumbrará por la serie de relieves de la vida de la Virgen -siete en total- que pertenecen a la misma Catedral de Lima. Estas piezas han sido colocadas en el acceso a una réplica recientemente manufacturada -por encargo del Arzobispado de Lima- de Nuestra Señora de la Esperanza y que refleja fielmente a la original de la Virgen del Pilar de Triana. Inclusive, esta imagen ya ha tenido recorridos procesionales importantes.
Otra serie sobre la vida de la virgen, pero esta vez en lienzos, muestra con cierta ternura aspectos no contemplados en los evangelios con pasajes apócrifos. El efecto es enternecedor. Lo mismo sucede con el espectáculo que ofrece la imagen de la Virgen de la Nube al otro extremo del templo, que guardan celosamente las monjas de Las Nazarenas y que por primera vez se expone al público después de más de un siglo. Esta expresión de devoción, quiteña en su origen, fue traída al Perú para adornar la parte posterior de la imagen del Señor de los Milagros.

Contrasta en el conjunto, el manierismo de la imagen de la Virgen de Monserrate que se venera en la iglesia del mismo nombre en el barrio limeño de Monserrate, castellanización del culto catalán que fuera importado desde la montaña que lleva el mismo nombre, por los monjes benedictinos. Su hermosa tez morena resalta entre el apogeo de rostros rosados que presentan la totalidad de las imágenes y tallas restantes.

La intención de expresar plenamente la maternidad de la Virgen y la cotidianeidad de Jesús Niño es curiosa y bellamente lograda en la llamada Virgen con El Niño de la Espina. La Madre del Salvador carga amorosamente a su pequeño hijo que tiene una espina clavada en el pie y que el cronista tenía toda la gana de sacar para ayudar a curar al pequeño.

Las diversas advocaciones de la Madre de Jesús están presentes en su diversidad en una muestra que faltaría completar, pero que de por sí representa un esfuerzo único y altamente estimable de rescate de nuestro patrimonio artístico y religioso. 

El inventario de lo visto, por lo demás, haría inacabable esta reseña. Aunque debemos mencionar las fotografías de otras imágenes restauradas por la misma institución, sobre todo en Trujillo y Cusco y que rematan la muestra en pequeñas reproducciones que invitan a viajar.
Abandonar la Catedral de Lima luego de tan fantástico espectáculo invita a la reflexión y al éxtasis, a la rememoración histórica -cuando la propagación del culto a la Virgen María era parte del proceso político y guerrero de la Conquista.  Es parte de nuestro legado.

Por David Roca
Año /Revista IV/16 , Pagina 82
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